EXISTENCIALISMO
El existencialismo es una corriente filosófica que
persigue el conocimiento de la realidad a través de la experiencia inmediata de
la propia existencia. No existe, sin embargo, una teoría precisa o exacta que
defina qué quiere decir existencialismo.
Lo que está claro es que este movimiento de la
filosofía destaca al ser humano individual como creador del significado de su
vida. La temporalidad del sujeto, su existencia concreta en el mundo, es
aquello que constituye al ser y no una supuesta esencia más abstracta.
Los existencialistas no creen que el individuo sea
una parte de un todo, sino que cada ser humano es una integridad libre por sí
misma. La existencia propia de una persona es lo que define su esencia y no una
condición humana general.
En otras palabras, el ser humano existe desde que es
capaz de generar cualquier tipo de pensamiento. El pensamiento hace que la
persona sea libre: sin libertad, no hay existencia.
Esta misma libertad convierte al individuo en un ser
responsable de sus actos. Hay, por lo tanto, una ética de la responsabilidad
individual. La persona debe hacerse cargo de los actos que realiza en el
ejercicio de su libertad.
Orígenes históricos
Históricamente
el existencialismo aparece como una consecuencia del estrepitoso derrumbamiento
del idealismo alemán que siguió a la muerte de Hegel. Ese derrumbamiento
propició una desconfianza hacia la validez de los conceptos universales y abstractos y una denuncia de cualquier camino racionalista que otorgue
primacía a las ideas por su incapacidad para hacer justicia a la realidad
concreta. Por ello, no es suficiente caracterizar el existencialismo con la
afirmación genérica: "la existencia precede a la esencia"
caracterización adoptada por el propio Sartre, pues todo depende de cómo se
entienda el término existencia.
TEMAS BASICOS
Esta
complejidad del desarrollo histórico va decantando unos problemas básicos que
distinguen el clima intelectual del existencialismo. Su oposición radical
contra los excesos de todo "sistema" con pretensiones
absolutas abre el camino para una visión dramática (a veces, incluso trágica)
de la existencia, cuya radical
finitud se sostiene frágilmente sobre el horizonte de la nada. Se ha podido
decir, no sin razón, que esto es producto de una radicalización del
creacionismo cristiano, en el que la originalidad de la persona exige un
compromiso integral que confiere al existencialismo un matiz "religioso",
patente en sus orígenes, pero que no desaparecería del todo incluso en su rama
radicalmente atea. El existencialismo ateo rechaza de plano cualquier
invocación de algún horizonte transcendente como evasión y se mantiene en una
exigente ética situacionista. Otros existencialistas parecen dejar abierta
alguna posibilidad, insistiendo siempre en la, decisión personal. Los
existencialistas cristianos protestan airadamente contra los intentos de
reducir a Dios a un concepto racional y destacan la singularidad personal, así
como el carácter existencial de la experiencia religiosa sin poder evitar
siempre los escollos de un irracionalismo fideísta.
ACTUALIDAD
Históricamente
el existencialismo aparece como una ideología propia de una época pesimista y
desengañada, que vio fracasar los grandes ideales de la modernidad e hizo de
ese fracaso el horizonte de su existencia. Por ello, el existencialismo perdió
audiencia a medida que ese ambiente se fue debilitando y se fueron olvidando
los desastres de las guerras. Es el propio Sartre quien establece su carta de
defunción cuando, al comienzo de la Crítica
de la razón dialéctica (1960), denunciaba su propio existencialismo
anterior como una "ideología parasitaria" propia de una
época ya superada. El individualismo radical basado en una concepción de la
intersubjetividad como conflicto insuperable ("el infierno son
los otros": Sartre), su incapacidad para integrar positivamente
lo que significa el conocimiento científico y el desarrollo técnico, el
carácter insostenible de una ética heroica alimentada en el absurdo fueron
algunos de sus puntos más débiles, para los que no encontró respuesta adecuada.
El pensamiento actual parece muy alejado del clima existencialista; de él resta
quizá la denuncia de cualquier idolatría frente a la ciencia y la técnica, la
desconfianza ante las desmesuradas pretensiones del racionalismo moderno, así
como la singularidad del existente que desborda cualquier sistema.
KIERKEGAARD
Los
existencialistas contemporáneos reconocen como maestro común al escritor danés
S. Kierkegaard (1813-1855), autor de una obra muy amplia y dispersa.
Kierkegaard nunca pretendió ofrecer una alternativa "filosófica"
al idealismo que detestaba, sino que se trata de un escritor cristiano, cuyo tema obsesivo es la
imposibilidad para todo pensamiento racional y mundano de acceder a la
originalidad del cristianismo. Cualquier intento de esclarecer racionalmente el
cristianismo o de introducir en él estructuras organizativas eclesiásticas
("cristiandad") es una paganización que pasa por alto el
dato fundamental: la paradoja de Cristo, Dios hecho hombre, que sufre y resucita.
Kierkegaard pone en primer plano la irreductibilidad del existente singular, que es una posibilidad cuya realidad depende de
una decisión, la cual comporta siempre el peligro de un injustificable salto en
el abismo. En el "estadio religioso" sólo es válida la relación
inconmensurable de cada individuo con su Dios, relación que rompe toda lógica y
normatividad universal ("estadio ético") en el instante privilegiado y decisorio de la existencia;
Abrahán, llamado personalmente por Dios y dispuesto a quebrantar toda ley ética
sacrificando a su propio hijo, es el símbolo por excelencia de la actitud
religiosa, la única capaz de esclarecer la paradoja de la existencia.
EN
EL SIGLO XX. Algunos motivos presentes en el pensamiento de Kierkegaard fueron
retomados más de medio siglo después de su muerte en un contexto cultural e
intelectual muy distinto y con propósitos también distintos. El ambiente de
desilusión que siguió en Centroeuropa a la primera guerra mundial encontró en
la obra del escritor danés argumentos para el rechazo de algunos de los ideales
básicos de la modernidad ilustrada, a los que se consideraba responsables del
desastre europeo, y dio pábulo a actitudes pesimistas y desconfiadas respecto
al valor de cualquier vía racional. Teólogos reformados tan importantes 'como
K. Barth o P. Tillich, filósofos como Jaspers, Unamuno y, en parte, Heidegger
pusieron en marcha un primer núcleo del existencialismo contemporáneo, que se
difunde sobre todo en Alemania y tiene un marcado corte académico.
JEAN PAUL SARTRE
(París, 21 de junio de 1905 – ibídem, 15 de abril de
1980), conocido comúnmente como Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor,
novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario
francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. Fue el décimo
escritor francés seleccionado como Premio Nobel de Literatura, en 1964, pero lo
rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla
declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la
cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones.
Puede que su célebre frase «La existencia precede a
la esencia» defina su pensamiento filosófico. Extraída de su conferencia
"El existencialismo es un humanismo" dada en octubre de 1945.
Sartre considera que el ser humano está
"condenado a ser libre", es decir, arrojado a la acción y responsable
plenamente de su vida, sin excusas. Aunque admite algunos condicionamientos
(culturales, por ejemplo), no admite determinismos. Concibe la existencia
humana como existencia consciente. El ser del hombre se distingue del ser de la
cosa porque es consciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el
sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí (de ahí lo subjetivo).
Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger
(discípulo éste de aquél). Se observa aquí la influencia que ejerce sobre
Sartre el racionalismo cartesiano. En este punto se diferencia de Heidegger,
quien deja fuera de juego a la conciencia.
Del inglés pragmatism,
el pragmatismo es la actitud predominantemente pragmática (que busca la
eficacia y utilidad). Por ejemplo: “Dejemos
de lado el idealismo y vamos a centrarnos en el pragmatismo: ¿cuánto tenemos
que invertir para modernizar la planta y producir el doble?”, “El pragmatismo es la base de nuestro
movimiento político, estamos cansados de las discusiones estériles y queremos
solucionar los problemas cotidianos de la gente”.
Pragmatismo, por otra parte, es una corriente
filosófica que surgió a finales del siglo XIX en los Estados Unidos. William
James y Charles S. Peirce fueron los principales impulsores de la doctrina, que
se caracteriza por la búsqueda de las consecuencias prácticas del pensamiento.
El pragmatismo sitúa el criterio de verdad en la
eficacia y valor del pensamiento para la vida. Se opone, por lo tanto, a la
filosofía que sostiene que los conceptos humanos representan el significado
real de las cosas.
Para los pragmáticos, la relevancia de los datos
surge de la interacción entre los organismos inteligentes y el ambiente. Esto
lleva al rechazo de los significados invariables y de las verdades absolutas:
las ideas, para el pragmatismo, son sólo provisionales y pueden cambiar a partir
de investigaciones futuras.
Al establecer el significado de las cosas a partir
de sus consecuencias, el pragmatismo suele ser asociado a la practicidad y a la
utilidad. Sin embargo, una vez más, esta concepción depende del contexto.
Cuando los políticos hablan de pragmatismo, muchas
veces se basan en prejuicios y no en la observación de consecuencias. Por lo
tanto, el pragmatismo político puede oponerse al pragmatismo filosófico.
CONTEXTO HISTÓRICO
El fundador del pragmatismo es el filósofo
norteamericano William James, del cual procede el mismo nombre
"Pragmatismo". La frecuentación de los medios académicos alemanes, el
estudio de los sistemas de Kant, de Fichte y de Hegel constituyen datos
puramente objetivos en la formación de James.
Otro precursor del pragmatismo fue Federico
Nietzsche, quien dice: "la verdad no es un valor teórico, sino también una
expresión para designar la utilidad." Y según él, sirve para designar el
poderío.
Esbozos de pragmatismo podemos ver de manera
indirecta y en los comienzos de la filosofía, en los sofistas, quienes con
interés de educar o de instruir a las gentes, lo hacían esperando una
remuneración, y para ello empleaban la palabra.
Los sofistas enseñan un saber de cara a la vida
pública: educan para hacer política en el ágora, para hacer triunfar su opinión
en las discusiones, para defenderse en los juicios. La función del conocimiento
es buscar el éxito en la vida política, y por esto, tiene pues, un sentido
pragmático.
WILLIAM JAMES
(11
de enero de 1842, en Nueva York, Estados Unidos - 26 de agosto de 1910, en New
Hampshire, Estados Unidos) fue un filósofo estadounidense con una larga y
brillante carrera en la Universidad de Harvard, donde fue profesor de
psicología, y fue fundador de la psicología funcional. Fue hermano mayor del
escritor Henry James.
Representó
un influyente papel en la difusión del pragmatismo. Por otra parte, su
pensamiento se relaciona con una doctrina que él mismo llamó empirismo radical.
Produjo por un lado Principios de
psicología (1890), obra monumental de psicología científica, y por otro
lado Las variedades de la experiencia
religiosa (1902), por la que se le considera como el fundador de la
"Psicología de la religión", culminación de una trayectoria vital
apasionante. Entusiasta investigador de los procesos subliminales de la
conciencia y de los fenómenos paranormales, escandalizó al mundo científico de
su tiempo cuando defendió el ejercicio libre de los healers (curanderos o sanadores mentales) y de terapias como la mind-cure.
En
1904 publicó ¿Existe la conciencia?,
donde pretendía demostrar que el dualismo tradicional entre sujeto y objeto era
una barrera para una sólida concepción de la epistemología y había que
abandonar la autoconciencia como una entidad opuesta al mundo material.
En
1907 presentó Pragmatismo: Un nuevo
nombre para algunos antiguos modos de pensar, en donde expresa que el
pragmatismo es un método para apaciguar las disputas metafísicas que de otro
modo serían interminables. ¿Es el mundo uno o múltiple? ¿Libre o determinado? ¿Material
o espiritual? El método pragmático, dice, en tales casos tratar de interpretar
cada noción, trazando sus respectivas consecuencias prácticas. ¿Qué diferencia
de orden práctico supondría para cualquiera que fuera cierta tal noción en vez
de su contraria? Si no puede trazarse cualquier diferencia práctica, entonces
las alternativas significan prácticamente la misma cosa y toda disputa es vana.
James tiene cuidado de definir el pragmatismo como método. Por tanto, su libro
no conduce a ningún resultado concreto, sino que es un modo de enfrentarse al
mundo.
Toda
su trayectoria vital se ve marcada por una depresión que sufre en su juventud y
de la que sale, literalmente, "obligándome a vivir". Así, centra el
resto de su existencia en una dicotomía de la que le es difícil escapar, dado
que por un lado, sus intentos de convertir la psicología en una ciencia natural
le lleva a un incipiente determinismo, pero su idea del libre albedrío y del
voluntarismo de la conciencia, idea ésta rebatida posteriormente por su
discípulo Hugo Münsterberg, le hacen al mismo tiempo partícipe de la idea de
que cualquier acto de la conciencia transformable en una conducta vitalista, de
acuerdo con los principios darwinistas predominantes en la época, es válida en
tanto conduzca hacia la supervivencia.
CHARLES SANDERS PEIRCE
(Cambridge,
Massachusetts, 10 de septiembre de 1839 - Milford, Pensilvania, 19 de abril de
1914). Charles Peirce fue un pensador extraordinariamente prolífico y su obra
destaca por su amplitud y extensión. A lo largo de su vida publicó numerosos
artículos, distintos escritos hechos por encargo y dos obras de carácter
científico: Photometric Researches en 1878 y Studies in Logic en 1883.
La
mayor parte de los escritos de Peirce quedaron inéditos a su muerte y su
interpretación ha sido difícil. La amplitud y extensión de su pensamiento, el
carácter profundo y muchas veces fragmentario de sus textos, la dificultad de
acceder a ellos de manera ordenada, la evolución de sus ideas y sus numerosas
autocorrecciones han dado lugar a muy distintas interpretaciones y ha hecho que
en ocasiones la obra peirceana pudiera parecer inabarcable.
Tras
la muerte de Josiah Royce en 1916, el Departamento de Filosofía de Harvard no
supo cómo dar salida a los escritos de Peirce. Finalmente se asignó a Charles
Hartshorne y a Paul Weiss el encargo de publicarlos. El resultado de su trabajo
fueron seis volúmenes ordenados sistemáticamente, y no cronológicamente, que
serían publicados entre 1931 y 1934 por Harvard University Press, con el título
de Collected Papers of Charles Sanders Peirce (Cambridge, MA: Harvard
University Press). En 1958 se añadieron, gracias al trabajo de Arthur W. Burks,
los volúmenes séptimo y octavo, dedicados respectivamente a "Ciencia y
filosofía" y a "Recensiones, correspondencia y bibliografía".
Los ocho volúmenes de los Collected Papers, sea en su versión impresa o
electrónica que puede resultar mucho más útil por la posibilidad de hacer
búsquedas, son una adquisición básica para cualquier estudioso peirceano.
Sin
embargo, la ordenación por áreas temáticas que siguen los escritos de Peirce en
los Collected Papers puede resultar en ocasiones muy confusa, pues se mezclaron
textos que corresponden a épocas muy diversas sin tener en cuenta la evolución
de las ideas de Peirce. El tiempo es un factor clave para comprender la
profunda unidad del pensamiento peirceano y, por ese motivo, hay que señalar el
gran valor que posee la edición cronológica, titulada Writings of Charles S.
Peirce: A Chronological Edition (M. H. Fisch et al. (eds). Bloomington: Indiana
University Press, 1982-2000), que desde hace años viene preparando el Peirce
Edition Project. El proyecto de este centro peirceano de referencia a nivel
internacional, perteneciente a la Universidad de Indiana, pretende datar y
editar las 80.000 páginas manuscritas de Peirce que se conservan en la Houghton
Library de Harvard. Se han publicado hasta la fecha seis volúmenes que cubren
los principales escritos de Peirce desde 1857 hasta 1890. En los próximos años
se pretende completar esta edición, que llegará a tener veinte volúmenes.
Entre
las publicaciones del Peirce Edition Project, hay que destacar también la
valiosa antología en dos volúmenes The Essential Peirce. Selected Philosophical
Writings (Bloomington: Indiana University Press, 1992-98), que recoge en más de
mil páginas una selección de los cincuenta textos más importantes para conocer
la obra de Peirce.
Puede
decirse que el pensamiento peirceano consiste en un conjunto de doctrinas
distintas, pero relacionadas entre sí. En ocasiones se ha hecho de Peirce un
nominalista, un realista, un idealista o un positivista. Se le ha considerado
incluso como un pensador ecléctico y contradictorio que desarrolló cuatro
sistemas sucesivos. Sin embargo, de modo creciente y particularmente a partir
de la edición cronológica de sus escritos, se ha señalado la profunda
sistematicidad y coherencia de su pensamiento, y se ha visto que Peirce
pretendió llevar a cabo una magna obra, una arquitectónica de la razón humana
en la que fuera posible analizar los distintos sistemas teóricos en una
dependencia jerárquica.
Peirce
se embarcó a lo largo de su vida en una gran empresa creativa: la construcción
de un sistema arquitectónico en el que se articularan los diversos saberes y
concepciones. A lo largo de los años Peirce va modificando los conceptos,
rescribiendo una y otra vez sus ideas, a las que, afirma, han de proporcionarse
continuos cuidados como si de pequeñas
flores se tratara.
MARXISMO
El marxismo es una doctrina que tiene sus
bases en las teorías que
desarrollaron los afamados Karl Marx
y Friedrich Engels. Ambos
intelectuales de origen alemán reinterpretaron el idealismo dialéctico popularizado por Georg Wilhelm Friedrich Hegel como materialismo dialéctico y propusieron la creación de una sociedad sin distinción de clases. A
las organizaciones políticas creadas según los lineamientos de esta doctrina se
las describe como marxistas.
Cabe
resaltar que además de Hegel,
otros pensadores han contribuido a la expansión del marxismo, tales los casos
de Adam Smith, David Ricardo, Ludwig Feuerbach y de los distintos exponentes del socialismo
utópico francés del siglo XIX.
La
obra más importante del marxismo es “El capital” (“Das Kapital”, en alemán). Marx publicó en vida sólo el primer
tomo, que apareció en 1867. Los
tres libros restantes aparecieron entre 1885
y 1894, siendo editados por Engels a partir de los manuscritos de Marx.
La
propuesta fundamental de Marx, la que postula en “El capital” es alcanzar una sociedad sin distinción de clases donde tanto el proceso de
producción, como las fuerzas productivas y las relaciones que surgen de la
producción se conviertan en un bien
social. En esto se diferencia del capitalismo donde el trabajo es social pero la apropiación del
mismo es privado, donde se compra trabajo por dinero.
El
análisis de las sociedades de Marx estaba basado en la división de clases propuesta por el capitalismo, la cual no
coincidía en nada con la noción que el intelectual tenía de lo que era una
sociedad justa. Por un lado estaba la clase trabajadora, a la que también llama
proletariado, quienes venden su
mano de obra y reciben dinero a cambio, pero que no poseen los medios para la
producción, los principales responsables de otorgar riqueza a una sociedad
(construyen, fabrican, producen servicios, etc)a su vez esta clase se encuentra
dividida en proletariado ordinario
(quienes consiguen trabajo fácilmente y reciben un pago medianamente razonable
por sus servicios) y lumpenproletariado
(aquellos que viven en la pobreza absoluta y no consiguen trabajos estables:
inmigrantes, prostitutas, mendigos, etc). La otra clase es la burguesía a la que pertenecen quienes
tienen los medios de producción y compran el servicio del proletariado para su
explotación. Esta clase puede dividirse en burguesía muy rica y pequeña burguesía (estos últimos son quienes emplean la
mano de obra pero además deben trabajar: comerciantes, pequeños propietarios, campesinos
con poca tierra, etc).
La
idea del marxismo es expropiar los medios
de producción de la burguesía y dejarlos en manos del proletariado a fin
de que sean las clases trabajadoras las únicas que se beneficien del fruto de
su trabajo. De todos modos, este análisis no incluye mecanismos de terminar con
la división de clases. El anarquismo, surgido años más tarde, se aferró a la
idea de acabar con ellas, y sus pensadores fundamentales Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin
tacharon al marxismo de incoherente al proponer una revolución dejando la
existencia de un Estado. Aseguraban que una verdadera revolución debe terminar
no sólo con las divisiones sociales de tipo económicas, sino también con las
jerarquías políticas. Sin embargo, la historia terminó dejando al anarquismo
como una utopía todavía más
lejana que el propio marxismo.
En
el campo de las religiones, el marxismo siempre ha sido totalmente contrario a
ellas. Existe una frase que dice que la religión es el opio de los pueblos que,
pese a que no se conoce si fue en verdad Marx, Nietzsche o Mao Tse Tung quien la pronunció primero, puede
definir claramente la opinión que los marxistas y posteriormente comunistas
tienen sobre las creencias religiosas. Cabe señalar que para el marxismo la esencia de todo ser humano se encuentra en
el conjunto de sus relaciones con los demás individuos del grupo.
Relaciones que son espirituales y materiales y donde la conciencia individual y
colectiva ocupan uno de los lugares fundamentales.
Después
de la muerte de Marx, ocurrida en 1883, surgieron varias divisiones dentro del
partido, una de las principales fue la de los socialdemócratas (consideraban que el socialismo podía
desarrollarse en una sociedad capitalista y pluripartidista) y los comunistas (apelaban a la revolución
como motor para un cambio absolutamente estructural), los cuales fueron
fundamentales para el desarrollo de los hechos políticos que se vieron a
principios del siglo XX. Estos partidos se inspiraron en el marxismo para
emprender sus revoluciones.
Entre las más importantes del siglo se encontraron, la revolución bolchevique encabezada por Vladimir Lenin y León
Trotsky, que se llevó a cabo en octubre
de 1917 en Rusia, resultó
el primer intento a gran escala para instalar un Estado obrero de características socialistas. De este modo el
marxismo soviético terminó transformándose en estalinismo, un movimiento liderado por Iósif Stalin y criticado por muchos marxistas por considerar que
su espíritu es dictatorial y burocrático.
Tras
la Segunda Guerra Mundial, y
gracias al respaldo soviético, el Partido
Comunista logró llegar al poder en la República Popular China, Vietnam,
Alemania Oriental, Polonia, Albania y Rumania,
entre otros países.
De
los intelectuales marxistas más sobresalientes del siglo XX se pueden citar a Georg
Lukács, Louis Althusser y
Antonio Gramsci.
En
la actualidad todavía existen muchos movimientos nacidos del marxismo, pero la
mayoría de ellos, sobre todo los que descienden de la socialdemocracia, se han alejado rotundamente de las ideas de
Karl Marx, a decir verdad los revolucionarios también ya que se basan en
políticas de extorsión e imposición de nuevos regímenes sociales, rotundos e
inamovibles.
No
se ha conocido un Estado marxista que respete las ideas planteadas por Marx. En
su libro “Hambre y seda”, Herta Müller, hace un análisis del régimen de Nicolae Ceauşescu donde afirma que aquella
utopía que muchos continúan buscando, el marxismo como forma política que
dirija el destino de todos los pueblos no existe y que en su lugar sí han existido
numerosos casos de gobiernos marxistas que han hostigado pueblos y asesinado a
mansalva a familias enteras. Para ella las ideas políticas no pueden medirse únicamente desde la teoría,
pues es en la práctica donde se las reconoce y puede saberse si son
imprescindibles o no. Posiblemente sólo quienes hayan vivido bajo un régimen de
la envergadura salvaje de Nicolae Ceauşescu pueden comprender sus palabras.
Pensador socialista y activista revolucionario de
origen alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883). Karl Marx
procedía de una familia judía de clase media (su padre era un abogado
convertido recientemente al luteranismo). Estudió en las universidades de Bonn,
Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841.
Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría
asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste
por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas
constituyen la infraestructura que determina en última instancia los fenómenos
«superestructurales» del orden social, político y cultural.
KARL MARX
En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre
inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución
francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata
radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas
políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843).
Por entonces estableció una duradera amistad con
Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y
política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas;
por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias
radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida
más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su
obra escrita. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes
dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels.
Marx partió de la crítica a los socialistas
anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos
elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier);
tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad
perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del
convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas.
Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un
«socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido
y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la
fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas
graduales) serían la forma de acabar con la civilización burguesa.
En 1848, a petición de una Liga revolucionaria
clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales
ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria
situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848.
Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra,
Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose
fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina
económica, que plasmó en El Capital; de esa obra monumental sólo llegó a
publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría
después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos
preparados por Marx.
Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo
el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la
extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al
obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del
capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del
sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase
que ejercía la burguesía.
FRIEDRICH ENGELS
Pensador y dirigente socialista alemán (Barmen,
Renania, 1820 - Londres, 1895). Nació en una familia acomodada, conservadora y
religiosa, propietaria de fábricas textiles. Sin embargo, desde su paso por la
Universidad de Berlín (1841-42) se interesó por los movimientos revolucionarios
de la época: se relacionó con los hegelianos de izquierda y con el movimiento
de la Joven Alemania.
Enviado a Inglaterra al frente de los negocios
familiares, conoció las míseras condiciones de vida de los trabajadores de la
primera potencia industrial del mundo; más tarde plasmaría sus observaciones en
su libro La situación de la clase
obrera en Inglaterra (1845).
En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y
entabló una duradera amistad con Karl Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores
colaborarían estrechamente, publicando juntos obras como La Sagrada Familia (1844), La ideología alemana (1844-46) y el Manifiesto Comunista (1848).
Aunque corresponde a Marx la primacía en el
liderazgo socialista, Engels ejerció una gran influencia sobre él: le acercó al
conocimiento del movimiento obrero inglés y atrajo su atención hacia la crítica
de la teoría económica clásica. Fue también él quien, gracias a la desahogada
situación económica de la que disfrutaba como empresario, aportó a Marx la
ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir El Capital; e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra
después de la muerte de su amigo.
Pero Engels tuvo también un protagonismo propio como
teórico y activista del socialismo, a pesar de lo contradictoria que resultaba
su doble condición de empresario y revolucionario: participó personalmente en
la revolución alemana de 1848-50; fue secretario de la primera Internacional
obrera (la AIT) desde 1870; y publicó escritos tan relevantes como Socialismo utópico y socialismo científico (1882),
El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado (1884) o Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888).
Tras la muerte de Marx en 1883, Engels se convirtió
en el líder indiscutido de la socialdemocracia alemana, de la segunda
Internacional y del socialismo mundial, salvaguardando lo esencial de la
ideología marxista, a la que él mismo había aportado matices relativos a la
desaparición futura del Estado, a la dialéctica y a las complejas relaciones
entre la infraestructura económica y las superestructuras políticas, jurídicas
y culturales.
No obstante, en los últimos años de su vida se alejó
de sus primitivas concepciones revolucionarias y abrió la puerta a un
socialismo más reformista, vía que seguiría después de la muerte de Engels su
colaborador Eduard Bernstein y que acabaría por imponerse entre los
socialdemócratas.





No hay comentarios:
Publicar un comentario